martes 1 de julio de 2008

Talento

El esmoquin negro impecablemente planchado parece hecho a medida a pesar de ser alquilado. Resplandece con pequeños brillos negros que realzan su atlética figura. La camisa blanca, pequeña, ajustada. Fajin rojo de seda, un toque de color para atraer la mirada del público, para ser el centro, para ser Dios por una noche. La pajarita también negra, sin nudo, con elástico ajustándose a su cuello como una segunda piel. El pelo teñido de negro, peinado hacia atrás y engominado con un fijador especial que engrandece su brillo asemejándose al azabache. Una ligera capa de maquillaje para evitar los brillos, fundas en los dientes, recién estrenadas, de a seiscientas mil. Zapatos lustrosos de fino charol negro y calcetín en el calzoncillo para dar al conjunto una pincelada de masculinidad. Se mira al espejo, se vuelve a mira, recoloca sus cejas cuidadosamente atusadas, repasa su piel con una esponja y finaliza la obra con unas gotas de Giorgio Armani en lugares estratégicos. Se ve guapo de verdad, como nunca antes lo había estado, arrebatador, radiante, seguro de sí. Sale al escenario, se coloca en su lugar detrás del micrófono, lo prende con todas sus fuerzas y observa el telón a la espera del día más grande de toda su vida. Delante, el maestro de ceremonias le presenta: “Señoras y señores, con todos ustedes, por primera vez en nuestra sala, en primicia, en exclusiva, la perla de Orcasitas, la figura que en su día representó a los Madrileños por toda Europa haciéndonos universales, mejor que Bisbal, mejor que Julio Iglesias, con el Físico de Antonio Banderas, y la voz de Caruso, con todos ustedes, directo desde Orcasur........ Sergio Belmonte.” Avergonzado por la presentación espera que el telón que en otros años fue de un rojo temerario se levante y allí quede él, solo él, porque no hay orquesta, solo un equipo de música del que saldrán las melodías a modo de Karaoke. Los focos le deslumbran y abrasan su rostro, escucha a la gente pero no puede verla, aunque sabe que están ahí, cerca, expectantes, dispuestos a rendirse a sus pies como lo hicieron antaño. El CD empieza a sonar y aclara su garganta para darles lo que han venido a buscar. Su grandiosa voz. Sergio tiene veinticuatro años y canta desde pequeño, tan de pequeño que su madre afirma que pedía la teta por bulerías y fandanguillos de Huelva. Con solo cinco años, su madre, Doña Pura, presentó a su retoño a un concurso radiofónico presentado por Jose Luis Uribarri. “Pequeñas Grandes Voces” era en 1984 el programa de radio mas escuchado a nivel nacional, exceptuando los servicios informativos. Cada domingo, a las doce en punto, cinco niños no mayores de catorce años cantaban dos canciones, un jurado popular compuesto por diez oyentes del programa elegía a los dos mejores que cantaban su tercera y última canción para que el jurado permanente del programa eligiera al mejor, el cual pasaba primero a una final bimensual, y luego a la gran final anual que era retransmitida en directo por la primera cadena de televisión española. Sergio eligió para su primera intervención “Salamanca” de Rafael Farina y “Doce Cascabeles” que era su favorita porque le encantaban las películas de Marisol. Cuando pasó a la final remató con “Soldadito Español” de Marujita Díaz, interpretándola con tal soltura para su edad que ganó el concurso por unanimidad. Volvió a ganar en la final bimensual, aunque en esta ocasión tan solo le separó un voto del segundo clasificado. Sergio había cumplido los seis años cuando se presentó con su traje y sus zapatos nuevos en los estudios de Prado del Rey. Le habían cortado el pelo a tazón justo por encima de los ojos, de lejos parecía un soldado en miniatura de la segunda guerra mundial con su casco y todo. En la primera y única ronda repitió a petición de la organización el “Soy minero” que le había dado el triunfo en la prueba anterior, volvió a pasar a la final para competir con Mar, una niña Canaria. Mar repitió “Cartagenera” y Sergio a pesar de que Doña Pura había indicado al director del programa que interpretaría “Mi Carro” de Manolo Escobar, dijo que o cantaba “El Emigrante” de Valderrama, o no cantaba. Se salió con la suya y cuando repetía “Y aunque soy un emigrante, jamás en la vida, podré olvidarte” pudo comprobar como el jurado le miraba con lágrimas en los ojos. Ganó con un sesenta y tres por ciento de los votos convirtiéndose en una firme promesa de la canción y un ídolo en su Orcasur natal. Solo un mes más tarde empezó a grabar su primer disco que se llamaría “Canción española” y del que vendería más de un cuarto de millón de copias, todo un hito para la época. Tras el éxito del L.P, tres productores cinematográficos se interesaron por la estrella emergente, de los tres guiones que recibieron Doña Pura optó por trabajar con Mariano Ozores, un hombre respetado y por el que sentía una antigua devoción. Sergio protagonizó una aventura en la que un huérfano pasa todo tipo de calamidades para acabar encontrando la felicidad al lado de unos tíos maternos, todo ello salpicado por los éxitos de su disco. Así, cuando parecía que en la España de los ochenta ya no había sitio para Joselitos, Pablitos Calvo, o Marisoles, apareció Sergio Belmonte con el que el público simpatizó de inmediato por ser el prototipo de hijo que todos quisieran tener. Del 84 al 92 hizo catorce películas, grabó 11 discos y otras tantas bandas sonoras, convirtiéndose en uno de los personajes más famosos del territorio nacional. En 1992 representó a España en el Festival de Eurovisión donde quedo sexto, muy por debajo de lo esperado, si bien el publico culpó a RTVE por la mala elección de la canción. A pesar de quedar exculpado del fracaso, Eurovisión fue el principio del fin de Sergio Belmonte. Acababa de cumplir trece años y estaba preparando el que sería otro de sus flamantes trabajos discográficos, pero en dos de los temas, a pesar de estar especialmente compuestos para su aniñada voz, estaba teniendo serias dificultades. Desesperado por no conseguir llegar a los tonos más altos que le exigían las canciones, consultó con un especialista. Tras realizarle todo tipo de pruebas el resultado no pudo ser más definitivo: No estaba enfermo, no había nada anormal, solo la lógica metamorfosis de niño a hombre. Al llegar a oídos de los productores que a Sergio Belmonte le estaba cambiando la voz se movieron con prontitud. Los contratos quedaron en suspenso hasta que la naturaleza terminara su trabajo. Si la voz adulta de Sergio continuaba resultando comercial seguirían adelante, de lo contrario desaparecería. Era un riesgo demasiado elevado que además, por ridículo que parezca, no habían previsto. Tenían hipotecas sobre propiedades y terrenos cuyas letras llegaban puntualmente los días cuatro de cada mes. Habían elevado su nivel de vida hasta tal punto que a pesar de ser Sergio uno de los artistas mejor pagados del momento, apenas si habían ahorrado lo suficiente para salir del paso durante un par de años. De la mano de Doña Pura Sergio recorrió prácticamente todos los médicos reputados del país sin encontrar ninguna solución. Cuando dio por sentado que la medicina no podía ayudarle decidió optar por los curanderos y volvió a recorrer España en busca de los más conocidos con idéntico resultado. Cuando ya había perdido la esperanza y estaba a punto de llamar a su representante para tirar la toalla, recibió la llamada.
- ¿Sergio Belmonte?
- Si soy yo
- Le llamo desde Londres a través de su representante
- Siento no poder ayudarle pero de momento no puedo escuchar ofertas.
- La mía si.
- Creo que no me entiende…
- Si que le entiendo, usted no escucha ofertas porque su voz esta cambiando y no sabe como
pararlo.
- Veo que entre las pocas virtudes de mi representante tampoco esta la discreción.
- Yo tengo la solución, puedo parar la metamorfosis, puedo mantener su voz para siempre.
- Ya, ¿ Y con quien tengo el placer de hablar, con Dios?
- No, ni muchísimo menos, yo solo soy un médico dispuesto a hacer lo que otros no se atreven a ni a sugerir.
- Pero…. ¿ Hacer que?
- Viajar a Londres, su representante el señor Méndez tiene todos los detalles, la única pregunta que debe hacerse es si su voz esta por encima del resto de las cosas, por encima de usted, por encima de su propia vida.
- Muy por encima
- Entonces hable con él y venga lo más rápidamente posible.
El representante tampoco sabía en que consistía el tratamiento, solo era conocedor que las manos del Doctor Logan habían salvado las carreras de muchos talentos juveniles, especialmente del mundo de la ópera. Al día siguiente Sergio acompañado de Doña Pura se desplazó a Londres y acudió a la clínica del Doctor Logan, donde estaba todo preparado para salvar su voz, su maravillosa voz. Escucharon los pros y los contras del tratamiento de boca del Doctor, que explico sin miramientos y con el máximo de detalle las consecuencias de su decisión. Era un precio alto, muy alto, pero las deudas acuciaban y lo que era mas importante, Sergio no estaba seguro de poder seguir viviendo sin el calor de su público. La decisión estaba tomada de antemano. El 24 de Mayo de 1992 Sergio Belmonte fue sometido a un proceso de castración química que combinado con un tratamiento farmacológico crónico consiguió frenar el agravamiento de su voz.
Sergio rodó dos películas más, y publico tres trabajos discográficos, el primero mantuvo su línea tradicional de éxito, el segundo no llegó al 50% de las copias acostumbradas, y el tercero y último fue un fracaso estruendoso. El público no se acostumbró a relacionar la voz del niño angelical con aquel adolescente de más de metro ochenta que cada día tenía mayor parecido con Javier Bardem. Un cuerpo y un rostro demasiado rudo para el ruiseñor que albergaba en su garganta. En 1997 Sergio Belmonte desapareció. No por su gusto, sino porque nadie quiso trabajar con él Vendió propiedades, canceló sus deudas y compró un piso en Orcasitas, modesto pero suficiente, en el que podría vivir de las rentas, los derechos de autor y las ventas de sus discos antiguos al público más melancólico.
Hoy vuelve a un escenario, por única y mas que probablemente por última vez. Su antiguo representante intentó convencerlo hasta el último momento de que no lo hiciera, pero fue imposible. Sergio sabia que no tenía nada que ganar, y corría el riesgo de empañar el recuerdo del mito, pero con todo y con eso, necesitaba algo, por pequeño que fuera, que hiciera más llevadero el peso de la decisión que tomó años atrás y que solo sirvió para retrasar unos años su final. La naturaleza había visto frenado su avance. Enfurecida se retiró a reagrupar sus tropas y una vez recuperada y fortalecida, volvió al ataque para acabar con él. Transformó su cuerpo para hacerlo incompatible con la voz que no le habían permitido transformar, perdió la primera batalla pero ganó la guerra. Aun así, Sergio vive casi feliz, del pasado en lugar del presente, pero feliz al fin y al cabo. El contacto con el publico del Karaoke le proporcionó una sonrisa que le duró meses, y le sirvió para darse cuenta que si tuviera la oportunidad de volver atrás en el tiempo volvería a caparse aunque solo fuera para prolongar aquello unos segundos.

jueves 22 de mayo de 2008

DIVORCIO. (EL BAR DE ABAJO)

Para Monchito.
Cuarenta y cuatro años y solo en la vida. Era demasiado bueno para ser cierto, cuando arruinado el físico, se presenta una mujer atractiva que muestra interés por ti... Demasiado bueno para que acabara todo bien. Un directivo en plena ascensión, una secretaria ambiciosa nueva en la empresa, una atracción, la mía física, la suya económica. Nos acostamos, una dos, cien veces. Con cada encuentro yo era un poco mas feliz a una edad en la que las inseguridades aparecen de una forma incontrolable, mientras ella, joven, poderosa, atractiva, usaba sus encantos como mero pasaporte a la consolidación. Yo era un episodio, un escalón, un seguro. Y continuó siendo así durante unos meses, hasta que yo enamorado hasta las trancas le propuse llevar la relación más allá. No solo me dijo que no, además me desveló sus oscuras intenciones. No me dijo abiertamente que había sido un juguete para ella, se limitó a cercar la relación en su componente sexual, ni mas, ni menos, sexo fácil aquí y ahora. Yo, por supuesto, no me lo creí. Si una mujer como ella quería sexo, solo tenía que salir una noche de copas para recibir docenas de ofertas más atractivas que la mía. Nuestros encuentros se fueron espaciando cada vez más, hasta que terminaron desapareciendo. Seguimos trabajando codo con codo una vez rota nuestra relación, y durante un tiempo nos fue bien. Yo la fui progresivamente olvidando, y ella imagino que encontró otro hombre que cubriera sus necesidades. Todo fue bien hasta que un día Marta se metió en un lío. La secretaría del director general se dio de baja por maternidad, y este, harto de oírme cantar las alabanzas de Marta decidió que sería la sustituta perfecta. Marta no dio la talla, quizás tampoco la había dado conmigo y no supe verlo, el caso es que a los quince días de estar al servicio del Sr. Parrado la pusieron en la calle. Con su estabilidad y ambición frustradas, Marta recurrió a mí en nombre de nuestro amor. Y yo, aun sabiéndome utilizado de nuevo, intenté por todos los medios que fuera readmitida a mi servicio. Fue inútil, era tan negativa su imagen cara al Sr. Parrado, que por mucho que insistí lo único que conseguí fue la promesa de que Marta no volvería a trabajar para nosotros. Marta no dio crédito a mis palabras y sacó la conclusión de que no había hecho lo suficiente por ella. Entonces cambió su estrategia, lo que empezó como una petición en nombre de pasadas pasiones, torno a una amenaza en toda regla. O conseguía que la readmitieran o pondría en conocimiento de mi familia mis aventuras con ella en los últimos meses. Sinceramente pensé que era un farol motivado por su precaria situación, aún así realicé un último intento con Parrado con los mismos resultados que la ocasión anterior. Marta decidió no creerme y lo último que obtuve de ella fue la promesa de arruinar mi vida en un plazo muy corto de tiempo. Y lo hizo, vaya si lo hizo. Unas semanas más tarde cuando regresé de la oficina como cada tarde me encontré a mi mujer hecha un mar de lágrimas. Te odio, te odio, hijo de puta, ¿Cómo has podido? Cuando le pedí explicaciones ante semejante avalancha de improperios me tendió un sobre de plástico con el logotipo de una conocida empresa de mensajería, al abrirlo descubrí que mi relación con Marta no había sido todo lo discreta que yo creía puesto que contenía un amplio dossier fotográfico de toda nuestra relación, incluidos aspectos eróticos que no creo que sea necesario describir. Mi mujer estuvo dos días en casa de sus padres, sin una llamada, sin una palabra, sin una noticia de mis hijos. Lo último que me dijo antes de cerrar la puerta fue que no la llamara, y dada mi situación lo mejor era no contravenirla. Al tercer día regresó, por único equipaje traía una demanda de separación, y la exigencia de que al día siguiente no quedara nada mío en esa casa. No pude, ni quise poner pegas, así que al día siguiente me trasladé a un hotel en espera de que las aguas volvieran a su cauce. Pero no volvieron, tornaron más bravas. Claudia continuó con los trámites de nuestro divorcio, y lo que era aun peor, obstaculizando mis encuentros con los niños. Según su teoría, un hombre de mi moral no era buen ejemplo para sus hijos, como si yo fuera a inducir a los niños a la poligamia. Cuando yo creía que ya no me podía ir peor, Marta decidió que el divorcio no era suficiente castigo para mi menosprecio, necesitaba un adorno más, el colofón final. Cogió una copia del dossier que había enviado a mi mujer, llamó a la misma empresa de mensajería, y lo remitió a mi empresa a la atención del Sr. Parrado. Cuando lo recibió a Parrado debió cuadrarle toda la historia. Mi divorcio, mi insistencia en su readmisión, mi necedad. Quizá por su condición de hombre, quizá por la de marido, quizá por mis servicios durante veinte años, el caso es que Parrado no me despidió, ni siquiera me destituyó de mi cargo, pero lo que si estaba claro es que aquella carpeta había logrado que tocara techo, hiciese lo que hiciese jamás obtendría mayor responsabilidad de la que disfrutaba en ese momento. Divorciado, estancado profesionalmente, y con una loca a mis espaldas cuya venganza podría estar sin concluir, no es que mi situación fuese digna de envidiar. El juez fijó una pensión de algo más del cincuenta por ciento de mi sueldo, y el usufructo de la vivienda para mi mujer y mis hijos. Me quedaban menos de 1200€ al mes para sobrevivir, busqué un alquiler cerca de la oficina, un piso pequeño, un estudio, algo solo para mi, pero lo poco que me ofrecían estaba en torno a los 1000€, con lo que tenía que vivir con menos de 200€. Descartado Madrid, encontré un piso de un dormitorio prácticamente a estrenar en Leganés Norte, 450€ y un acceso relativamente rápido a mi oficina por la carretera de Toledo. Pedí un crédito de 6000€ para comprar lo imprescindible, una cama, cuatro muebles, n sillón, la tele, nevera, microondas, lavadora, lo justo. Bueno, lo justo más un Home-Cinema del copón como única licencia de mi recién estrenada soltería. No puedo quejarme de mi suerte en ese sentido, la casa era cómoda, asequible, y bien comunicada, pero le faltaba algo que no había faltado en ninguna de mis anteriores moradas. Le faltaba ruido, le faltaba actividad, le faltaba gente, le faltaba compañía.Si un año antes me hubieran dicho que añoraría el bullicio de mi casa no me lo hubiera creído. Ahora podía leer con tranquilidad, podía disponer de tiempo para mí, podía pasearme desnudo por toda la casa, podía estar solo. Y no me apetecía leer, ni quería tiempo mío, y estoy mayor para pasearme desnudo, al menos con regodeo. Solo. Soledad. Solo. Mi única compañía son los remordimientos de la carne que acabó con lo que yo era. Desesperado, aturdido, perezoso, desconocido, me bajo al bar, una, dos, treinta noches. No bajo para beber, ni para olvidar, bajo para no estar solo. Ceno en él cada noche, ceno mal, ceno aparentemente solo, pero a mi alrededor hay gente tan aparentemente sola como yo. Unas noches cuatro, otras cinco, veinte los fines de semana. Los sábados son lo peor, yo y mis compañeros aparentemente solos, tenemos que aguantar que nuestra guarida se vea invadida por alguna pareja que inexorablemente se demuestra apasionadamente su cariño, cariño que nosotros perdimos. Y con cada beso, con cada caricia, sin querer, sin darse cuenta, nos hacen un poquito más desgraciados, un poquito más aparentemente solos. Poco a poco con el paso de unas docenas de platos combinados, hamburguesas, raciones varias y un par de cosechas de cebada convenientemente reconvertidas por Mahou, aquellos seres aparentemente solos pasamos a estar aparentemente acompañados, porque el hombre del pelo cano que siempre estaba en la barra pasó a ser José. El obrerillo de metro cincuenta que pedía Castellana pasó a ser Agustín. El camarero que en un principio ni me miraba al servir pasó a ser Txiki. El treintañero que cenaba mirando la televisión pasó a ser Manuel y la cocinera metomentodo que nos espiaba desde su rincón grasiento, pasó a ser Juanita. A pesar de que nuestra aptitud seguía siendo mas o menos la misma, el hecho de que fuéramos Antonio, José, Manuel, Txiki, Agustín y Juanita, cambiaba mucho las cosas. Se había roto el hielo, ya no eramos completamente desconocidos, ya no eramos seres completamente anónimos, completamente solos. Hoy se cumplen catorce meses de mi expulsión amistosa de casa. No he vuelto a tener noticias de Marta, lo más seguro es que con lo de Parrado diera por cerrada su venganza. A pesar del daño que me hizo, de su mala sangre, lo cierto es que no la guardo rencor, incluso en las noches de soledad, cuando el instinto apremia utilizo el recuerdo de su cuerpo joven y desnudo para aliviarme. Solo sé que no la odio, o quizás es tan superior el odio que siento hacía mi persona, que lo suyo queda en mi mente como una pequeña contribución a mi autodestrucción. Mi vida no puede ser más triste, no penséis que no soy consciente de ello, recolecto lo que sembré. Como única familia tengo a la gente del bar de abajo. Gente tan sola y tan triste como yo. Pero al menos no estoy completamente solo. Al menos sé que a pesar de esa casa vacía, a pesar del régimen de visitas impuesto por el juez, a pesar de que mi mujer no quiere, ni querrá volver a verme, y a pesar de ser el hazmerreír de la empresa, si necesito hablar, si necesito desahogarme, si tengo una noticia importante, o si sencillamente necesito ruido a mi alrededor, tengo el bar de abajo.

martes 29 de abril de 2008

Incomprendida

Siempre hay flores frescas sobre la tumba de mi madre. Siempre frescas, siempre diferentes, siempre hermosas. No logro imaginar quien, ni por qué las envía. No tuvo demasiados amigos en vida, y los pocos que tenía terminaron por abandonarla. Tampoco tenía familia, bueno si la tenía, pero no dispuesta a enviarle flores a una tumba que tanto le desearon. Yo mismo desee su muerte, no pude ni entender, ni soportar su decisión, por mucho que trato de explicármela. Mi madre me parió, me crió, me ayudó en los difíciles y cambiantes vientos de la adolescencia, me llevó de la mano hasta que consideró que lo que fue su niño, era un hombre capaz de valerse por sí mismo. Ella decidió el momento de mi independencia sin consultarme, y no pude perdonarla. Una semana después de mi veinte cumpleaños me llamó a gritos desde el salón, tenía un enorme paquete sobre su regazo, envuelto en un papel de regalo tan infantil que dolían los ojos al mirarlo, ositos, globos, y payasos, sobre un fondo turquesa metalizado. - Siéntate hijo mío, - dijo muy solemne – esto es para ti. - Joder Mama, podías haber elegido otro papel para envolverlo. – contesté molesto - ¡Qué ya no soy un niño¡ - No. Ya no lo eres. – replicó con la misma amargura que reflejaba su rostro – Precisamente es lo que significa este regalo, que ya eres un hombre, y que por mucho que me empeñe en envolver las cosas que te rodean como si todavía fueras un niño, ya no lo eres. - Mira que te pones solemne, ¿ Tu te crees el número que me estas montando para darme mi regalo? Anda trae pa’ca. Destrocé aquel insultante envoltorio todo lo deprisa que mis emocionadas manos supieron, (los regalos de Mamá eran siempre los mejores), para extraer un elegante traje de chaqueta, gris oscuro casi negro, cruzado a la moda de la época, una camisa blanca y una corbata larga y estrecha de distintos tonos de rojo. - Es tu primer traje hijo, el primero de muchos, porque no me cabe la menor duda de que serás un hombre de provecho. – dijo mientras una cortina traslucida comenzaba a anegar sus ojos.- - Es muy bonito Mama, muchas gracias. – contesté sincero – Seré el tío más elegante de las fiestas de la facultad, seguro que Almudena se vuelve loca cuando me vea con esta pinta. - Almudena esta loca por ti, con traje o sin traje, te quiere mucho. - Y yo a ella. - Eso es bueno hijo, muy bueno, no lo pierdas nunca, porque el amor será el motor de tu vida, como lo fue de la mía. - ¿ Cómo que fue ? - pregunté incrédulo - - Fue hijo, fue. – afirmó mientras las lagrimas se desbordaban incontenibles. – Y es de eso precisamente de lo que quería hablarte. Has cumplido veinte años, y sé que ya no me necesitas. Claro que te viene bien que este cerca de ti, que conteste cuando me llames, que este pendiente de ti, pero...... – hizo una pausa para enjugarse las lagrimas y elegir con cuidado unas palabras dolorosas, premeditadas, e imprescindibles - pero, ahora tengo que vivir yo. - No te entiendo – contesté atónito - - Cuando conocí a tu padre supe que era el hombre de mi vida nada mas verle. Era guapo, cortes, educado, de buena familia, lo tenia todo. Me enamoré de él como una loca, y sé que él de mí de la misma manera. Los años de noviazgo, un noviazgo de antes, no pienses en nada parecido a lo que tienes con Almudena, fueron maravillosos, y me casé con él convencida de jamás amaría a nadie como lo amaba a él. Y así fue, y así será. Nunca amaré como entonces, nunca querré, ni me sentiré tan amada como en los primeros años a su lado. – hablaba emocionada, pero de una manera rara, distinta a ella, como si las palabras salieran de una mujer que, aun siendo mi madre, yo no conocía – Luego llegaste tu, y todavía fue más completa nuestra relación, más intensa, mas cerrada, mas nuestra, mas todo. Eramos solo los tres, y podía parase el mundo porque no nos importaba. Luego todo cambió. - ¿ Cuando ? - pregunté empezando a sentir por dentro un miedo nuevo, desconocido, incomodo, amenazador. - Cuando cumpliste un año volví a quedarme embarazada, pero lo perdí cuando estaba de dos meses. Volvímos a intentarlo seis meses después, y de nuevo mi cuerpo lo rechazó. – mientras hablaba un hilo de melancolía iba creciendo en su voz, haciéndose cada vez mas presente, más poderoso, hasta absorber por completo su ser. – Eso dijeron los médicos, “Señora su cuerpo rechaza las hembras, solo puede concebir varones, cada vez que se produzca la fecundación, si tiene la mala suerte de engendrar una hembra, su cuerpo se comportará como si se tratara de una invasión de anticuerpos, lanzando contra el embrión sus defensas hasta expulsarlo de su cuerpo. Además, con los medios de los que disponemos a día de hoy, no tenemos mas remedio que recomendarle que se abstenga de volver a quedar en estado, ya que por grande que sea su capacidad de recuperación, un nuevo embarazo, con lo que ello supone, salga bien o salga mal, sería poner en riesgo tanto la vida que engendre como la suya propia” Me volví a quedar pese a sus consejos, – dijo reafirmando su valor con un gesto orgulloso – y también aborté, aunque esta vez aguantó casi doce semanas. Cuando ya estaba segura de sacarlo adelante, se me escurrió entre las manos. Fue muy duro. Muy, muy duro. El tercer aborto fue definitivo, quede estéril, y tu padre y yo no tuvimos mas remedio que darnos por vencidos, porque se puede luchar, pero no contra la naturaleza. Nos dio un tesoro y nos negó más. Yo me conforme contigo, pero tu padre no. Él tiene siete hermanos, y una verdadera familia no puede sustentarse sobre un solo hijo. Nunca me culpó de ello, al menos abiertamente, pero a raíz de mi imposibilidad, las cosas nunca volvieron a ser como antes. Luché por recuperarle, luché con todas mis fuerzas, pero no me dio opción. Perdí lo mejor que tenía y me volqué en ti. Tu compensaste su cariño con creces. Me has dado mucho, muchísimo durante veinte años, ilusión, cariño, fragilidad, protección, sueños, alimento, todo. Pero llega un momento que ni eso es suficiente, y es hora de vivir, hora de buscar lo que tuve y me quitaron, hora de ser mujer además de madre, hora de ser yo. No te pido que me comprendas. Ahora no. Solo te pido que no me condenes, que reflexiones sobre esta situación, que pienses en ello como si no fuera tu madre quien lo hace, si no una mujer lejana, ajena, distinta, y comprende. Espero que no creas que durante todos estos años ha habido mas hombre en mi vida que tu padre. Ni lo ha habido, ni lo hay a día de hoy. Ni ta siquiera un proyecto, ni una ilusión, ni nada, no hay nada, y quizá no lo haya nunca, pero al menos he de intentar recuperar algo de aquello que me hizo como soy, que me hizo feliz, que me hizo tenerte y aprender a adorarte. – Lo dijo todo como si lo hubiera leído, con pausas para secar unas lagrimas que desde el principio de su discurso no habían dejado de manar, para recuperar la compostura, para poder proseguir. Cuando consiguió terminar se derrumbó por completo, se abandonó a sus emociones, abrazándome más fuerte de lo que me había abrazado jamás, suplicante, caliente, madre como siempre había sido, y como nunca volvería a ser. Mi madre se marchó un dos de Octubre Alquiló un piso en Leganés Norte y trató de empezar una nueva vida. No volví a hablar con ella, al menos e forma voluntaria. Los primero meses llamó continuamente, e intentó infructuosamente volver a verme, pero yo me negué, y me seguí negando hasta que perdió la esperanza, y nada mas supe de ella. Mi madre murió sola en su piso de Leganés Norte, su cadáver infartado fue descubierto quince días después de su muerte, y solo cuando el olor de la descomposición se hizo insoportable para los vecinos. Nadie advirtió su ausencia, nadie la hechó de menos, nadie reclamó su cariño. Murió sola, y solo la naturaleza, la misma que había arruinado su matrimonio, fue capaz de que la localizaran. Murió sola, pero en su tumba hay flores permanentemente. Quiero saber quien las envía, quien la quiso tan poco para no extrañar su ausencia, para no reclamar su calor, para no amarla. Siempre me había mantenido a una distancia prudencial de la tumba de mi madre, me parecía la peor forma de traición, llorar sobre el frió mármol que ahora la envolvía, cuando en vida no había sabido perdonar algo que ni siquiera era yo quien tenía que perdonar, pudiendo haber llorado sobre su hombro siempre cálido y acogedor. Las flores siempre tenían una nota, podía verla claramente a pesar de mi lejanía y la duda me estaba comiendo por dentro, hasta el punto de impedirme dormir. Me acerqué sintiendo como mi cuerpo se contraía de dolor, sentía su presencia por encima de todas las cosas, lejana pero presente, apagada pero presente. Despegué la nota, abrí el sobre y leí : Te quiero Mamá.

miércoles 2 de abril de 2008

El cristal con que se mira

Cuando a Joaquín le diagnosticaron Leucemia, y situaron su esperanza de vida en aproximadamente seis meses, el único pensamiento que llegó a su cabeza fue que se iba a morir sin aprovechar su vida. Repasó mentalmente sus cincuenta y seis años de existencia, esforzándose por encontrar algo que las generaciones venideras hubieran de agradecerle, pero no encontró nada mas que un terrible dolor de cabeza. Iba a morir, fallecería, palmaría, la picharía en seis meses y nada de él quedaría en la tierra. Desesperado abandonó el hospital en busca de la seguridad que le proporcionaba la soledad de su casa. Se desnudó y metió en la cama bajo una montaña de mantas, reflexionando sobre el giro que acababa de dar su vida. Soltero, sin hijos, sin amigos de verdad, sin ver a la familia en años, Joaquín se sintió solo por primera vez en su vida. Había elegido la soledad de motu propio, quizás ligeramente empujado por su nulo éxito con el sexo contrario y su innata capacidad antisocial, pero en cualquier caso, nunca le preocupo la soledad, ni tan siquiera le incomodó, vivió con la única persona que era capaz de entenderle: Él mismo. Y vivió bien. Ahora se moría y ni siquiera tenía a quien contárselo, necesitaba mas que consuelo compartir su miedo, ser compadecido mas que ayudado, necesitaba la formula para morir en paz tras desperdiciar mas de un lustro. No dejaba viuda ni simiente, en su empresa la noticia sería acogida con regocijo por los tiburones que llevaban años esperando que muriera sin herederos, y en su casa quizás la portera le añorara, pero más por las generosas propinas que por sí mismo. Nada ni nadie lo recordaría, enterrado y olvidado en la soledad que había consolidado. Tenía seis meses, ciento ochenta días para enmendar los errores, siempre y cuando los síntomas no se lo imposibilitaran. La misión era complicada de por sí, pero más aun si no tenía ni la más remota idea de por donde empezar. Lo único que tenía de especial era su dinero, una fortuna amasada en años de esfuerzo empresarial. Dinero al que nunca dio valor, solo cifras bancarias imposibles de imaginar cristalizadas para un hombre austero que vivía como tal, en un buen barrio, pero sin extravagancias de ningún tipo. Gastaba el equivalente a un sueldo de administrativo, comunidad en el barrio de Salamanca incluida. No salía, no bebía, no fumaba, no iba con “mujeres malas”, compraba los trajes en tiendas de saldo y comía en el bar de abajo por cinco euros. Solo tenía dinero, nada mas, nunca le había dado valor, pero quizá ahora sería su salvación. No recordarían su rostro, no recordarían su cuerpo, no recordarían sus ideas, pero si recordarían el bien que hizo su dinero al final de sus días. ¡Tenía la solución¡ Dinero, sucio dinero. Le recordarían por su generosidad, por su altruismo, por sus hermosos finales actos. Moriría en breve, eso no tenía solución, pero se iría a la tumba dejando un rastro indeleble de pseudo-santidad económica. Durmió tranquilo esa noche, lo que le demostró que la muerte no le importaba, al igual que nunca le habían importado la mayoría de circunstancias de la vida, a las que los demás parecían consagrarse. Cuando se levantó echo en falta sus dolores mañaneros habituales, pensó que la muerte traía consigo unos meses de sosiego, algo parecido a la ultima voluntad del ejecutado, un falso bienestar hasta el momento final. Bajó las escaleras sin que su respiración se alterase, e incluso estuvo tentado de bajarlas de dos en dos para probar sus maltrechas rodillas. Al salir del portal, el día parecía tener un aire diferente, un aire lleno de vitalidad, de luz, de juventud, y dio gracias a Dios por ello. Antes de ir al banco, fue de bares y disfrutó. Fue de compras y disfrutó. Fue de putas y disfrutó. Hizo todo aquello que nunca hizo y disfrutó, sin que por ello reprochara a la muerte su cercanía, ni a la vida haberle ocultado todos aquellos placeres. Saciado, flamante con su traje de Armani, compró el periódico y se sentó en un parque a disfrutar del día, iría al banco mas tarde, como colofón de un día perfecto. Decidió dividir su fortuna en cinco partes, solo se quedaría con una y el resto las repartiría entre las principales ONG’s. El sol le daba en el rostro, los niños jugaban a su alrededor, las criadas movían sus caderas, y él abrumado por tanta felicidad apenas si se podía concentrar en el diario, hasta que en la sección de cultura leyó asombrado la milagrosa recuperación del tenor José Carreras en una clínica americana. Tenía el mismo tipo de enfermedad que él, también había sido desahuciado, y había vencido a la muerte. Volvió a casa sin parada en el banco, tiró a la basura su traje de diseño, llamó a la empresa para organizar el viaje a Houston y se reprochó cada acto de aquel estúpido día. Al asomarse a la ventana comprobó que el ambiente era triste y gris como el del resto de aquellos años, volvieron a dolerle los huesos y volvió a afirmar que la vida era una mierda.

viernes 7 de marzo de 2008

Libertad, Privación de

Hace tres semanas que falta el cristal de la ventana enrejada de mi celda. Esa mañana un pajarillo que huía despavorido del ataque de un depredador vio en mi pequeño ventanuco una vía de escape prácticamente perfecta, pero cometió un error, no vio el cristal y en vez de acabar sus días en el estomago de un ave rapaz, lo hizo estampado contra la ventana de mi celda. Su pequeño y delicado cuerpo no produjo daños, pero con el pico hizo una muesca prácticamente indetectable a simple vista. Cuando cayó la noche, y las brumas de la sierra alcanzaron los muros de la prisión, una diminuta molécula de rocío se introdujo en la muesca, el frío la congeló y convirtió el chinazo en una grieta que cruzaba el cristal de marco a marco. A la mañana siguiente, tras la primera revisión rutinaria, los eficientes chicos de mantenimiento quitaron el cristal defectuoso, y lo sustituyeron por una especie de hule de ofensivo color verde ejercito que fijaron precariamente a la pared con dos chinchetas. El plástico además de robarme la poca luz de mi celda, estaba muy lejos de cumplir la función de aislante térmico de mí añorada ventana. Así como en la calle el poder está inexorablemente unido al dinero, en la cárcel un cristal debidamente tallado es un instrumento que inmediatamente proporciona seguridad y respeto. Por esta circunstancia, las ventanas de toda la prisión son revisadas dos veces diarias por los funcionarios, además con diligencia, porque el destino de un trozo de ventana puede ser sus propios intestinos. Sí solicitas cualquier servicio a los celadores puedes esperar sentado su cumplimiento, aunque tiempo para esperar es precisamente lo que nos sobra. Pero un cristal rajado, eso era un asunto categóricamente prioritario. Un trozo de cristal en manos de un preso era una amenaza para toda la penitenciaría, pero la ausencia del cristal en mi celda no suponía peligro más que para mi humilde persona, y ese diminuto trance era poco importante en una comunidad tan grande como la nuestra. Los escasos rayos de sol que conseguían alcanzar mi mazmorra, en contra de su naturaleza, se negaban a calentar, rindiéndose en la batalla perdida de antemano contra el poder gélido de la sierra madrileña, obligándome a permanecer postrado en mi catre protegido por la escasa ropa de abrigo de la que me hicieron poseedor las autoridades penitenciarias. Me entretengo estudiando mi respiración al condensarse con el frío ambiente de mi celda, su velocidad, tamaño, tiempo de disolución, y las diversas formas que adopta al disolverse, un avión, una nube, una concha marina, un ser humano congelado.... No voy a decir que no merezco mi pena, hice lo que hice y fui condenado por ello, aunque creo que soy el único culpable de la prisión porque hable con quien hable escucho siempre la misma serenata: “ Yo no la maté”, “Yo no atraqué aquella gasolinera”, “Me cargaron el muerto”, “Debía parecerse a mí aquel violador hijoputa”. Soy el único que se llevó sesenta millones de pesetas de las de antes entre regates a Hacienda y presuntas malas inversiones que los clientes entendían como normales. “Es una inversión segura, créame, los fondos tecnológicos son el futuro y es ahí donde esta el dinero” A los quince días habían perdido el 50% de una inversión que por supuesto yo no realizaba. Devolvía la mitad y me quedaba con el resto con un “¿Quién podía esperar esto?”, y me quedaba con el resto. Incluso algunos incautos volvían a poner en mis manos lo que les quedaba para que repitiera la jugada una y otra vez hasta que no quedaba nada. Y fue precisamente eso lo que me perdió. Cansado de estafar medio millón a jubilados ricos que invertían para lavar el dinero B que guardaban en sus colchones, comencé a hacer lo mismo con las grandes cuentas solo que a menor escala. Primero un 5%, luego un 10, un 20, y por último al trullo. Cuando me denunciaron, Hacienda revisó todos los justificantes de inversión emitidos por mi humilde negocio cifrando el desfalco en mas de un millón de euros. Si hubieran sido cien millones, seguro que ahora era vicepresidente primero del Gobierno, pero como había sido tan estúpido de conformarme con una miseria me cayeron diez años. Entré en la cárcel como el cordero que llega al matadero, acojonado e influenciado por la visión penitenciaria de las películas norteamericanas en las que eres primero amenazado, luego violado, y por ultimo asesinado en el comedor por negarte a cederle el postre a un negro de dos metros diez. Pero dentro de mi negra suerte, ese fue un día afortunado. Gracias a la superpoblación de las prisiones, las celdas concebidas como individuales, eran habitadas por dos o más reclusos. A mí me tocó con Domingo, al que nunca llamé por su nombre porque en todo el presidio era conocido por “ El Alas”. Aun siendo al menos quince años mayor que él, Domingo y yo establecimos una singular relación paterno-filial, quizás fue mi rostro horrorizado del primer día, quizás se sentía solo, o quizás sencillamente no tenía nada mejor que hacer, el caso es que me tomó bajo su protección. Cuando digo que me protegía no penséis que fue una especie de proxeneta que vela por la seguridad de sus niñas con la ayuda de su automática, nada mas lejos de la realidad. El Alas me protegió de la única manera que podía hacerlo, adoctrinándome en las reglas de funcionamiento de la trena. Nunca podré agradecerle suficientemente lo que hizo por mí. La muerte tiene celda propia en todas las prisiones del planeta, pero rara vez actúa por sorpresa, no es una serpiente que se entierra en las arenas del desierto esperando un pie descalzo. La muerte avisa, la muerte tiene reglas, la muerte solo aparece si la citas tú. La mayoría de los difuntos los provoca la droga, bien por sobredosis, bien por adulteraciones, bien por intercambio de jeringuillas, o bien por su ausencia. La falta de drogas, si es general, conlleva altercados continuos entre nosotros, o contra los funcionarios. Robos, peleas, acusaciones y como consecuencia de todo ello MUERTE. Lo mejor en estas situaciones es permanecer alejado de las zonas comunes, y si es posible nunca solo. Si es a un individuo concreto al que le faltan, solo él esta en peligro, porque bien a corto plazo (robo), o bien a largo plazo (deuda), estará muerto de cualquier manera. El segundo envite a la muerte lo produce la “fusión”, este término tan de moda en lo artístico no vale para nosotros. Los gitanos con los gitanos, los marroquíes con los marroquíes, los africanos con los africanos, los drogadictos con los drogadictos, y los españoles que quieren salir enteros de aquí con sus semejantes. Cualquier tipo de provocación a un subgrupo, sea casual, sea accidental, o sea del tipo que sea no depara nada bueno. En tercer lugar en la cárcel solo tienen lengua los funcionarios, el resto vemos, oímos, y callamos. El resto son reglas tan evidentes que solo los muy lerdos las infringen, no robar, no faltar al respeto de nadie en general, y más en particular de alguien que sea o más fuerte, o esté mas loco que tú (en mi caso la mayoría), no pedir prestado, no despertar envidias, evitar la soledad, y en resumen hacer tu vida lo mas tuya posible sin que nadie se sienta ofendido o amenazado por ello. Todo esto fue lo que me enseñó El Alas, poquito a poco, despacio, porque tiempo es lo único que nos sobra. “ Obsérvame Manué, me decía siempre con su marcado acento andaluz, obsérvame y escucha lo que la cárcel grita y solo los muertos no oyen, solo con eso estarás a salvo y tranquilo. Porque aquí solo mata la soledad, la pena, y la culpa, el resto se suicidan.” Y tenía razón, tanta que con una sola frase me salvó la vida, o me la salve yo por hacerle caso, escucharle, y como él decía observar. Tanto le observé que prácticamente no me separaba de él, “ Coño siquillo que parese mi novio, a ver si cuando salgas te va a queré casá conmigo” , y así me enteré de quien era “El Alas”. Antes de ser conocido por tan ilustre apodo, su nombre era Domingo Miguel Almendro, nacido en Ronda hace unos cuarenta y tres años y de oficio cristalero. Aprendió en un taller de mala muerte donde el sueldo era malo y el trato peor, pero la escuela era buena. Cuando consideró que sabía lo suficiente mandó al dueño al carajo y se trasladó a Málaga a probar fortuna. Entró de oficial de segunda en una cristalería que tenía un acuerdo de exclusividad con el Ayuntamiento. Nada de concursos, nada de ofertas, un sobre repletito de verdes en el bolsillo adecuado y cada vez que estallaba una ventana de cualquier dependencia municipal allí estaba Domingo para sustituirlo. El negocio era redondo para todos, el sobornado contento, el dueño a prosperar, y Domingo a trabajar 14 horas para poder cubrir gastos y ahorrar para el futuro, que la suerte es muy negra. Cuando cumplió los treinta, tras casi diez años de trabajar como un animal, Domingo reunió lo suficiente para alquilar un pequeño local justo enfrente de la catedral, y tras arduas negociaciones con los proveedores de su antiguo jefe, colgó un cartel en la puerta que rezaba “ DOMINGO, CRISTALERIA ECONOMICA” Y a fe que era económica, tanto que corrió la voz y la gente cruzaba medio Málaga para contratar a Domingo. Amplió el negocio, que no el local, contratando a dos oficiales, y cambió el artesanal rotulo de la entrada hecho por él, por uno que iluminaba orgulloso cada tarde al caer el sol. Además de por económica, la cristalería se hizo famosa por el trato amable y personal que Domingo aplicaba a cada persona que cruzaba su umbral, por humilde que esta fuera. Cuando la Cristalería empezaba a progresar de verdad, tanto que por su cabeza rondaba abrir un segundo local en la Ciudad Jardín, recibió la única visita a la que no pudo tratar como él acostumbraba, su antiguo jefe. Arrogante, maleducado, rico hasta las trancas, entró en la cristalería de tal forma que Domingo supo de inmediato que no era una visita de cortesía profesional. “Ay Domingo, Domingo. Lo tonto que parecías y lo listo que has resultao” Ese fue su hola, y este fue su adiós: “ Sube los precios Domingo, no más que nosotros, pero si lo mismo, y si no quieres, y que conste que te advierto porque te considero amigo, te arrepentirás” Domingo no subió los precios y a las dos semanas su modesta Cristalería se convirtió en una Falla Valenciana. El seguro pago los desperfectos, pero estuvo dos meses cerrado. Volvió a inaugurar, con la misma política, por supuesto, “para cojones los míos” solía decir, y al mes una nueva incineración. El seguro volvió a pagar, pero se negaron a renovarle la póliza y cuando Domingo reabrió no tuvo mas remedio que subir los precios. El negocio cayó un poco al perder a la clientela más humilde, pero gracias a su extremada amabilidad mantuvo a un gran porcentaje de sus clientes. Domingo no entendió por qué volvieron a quemar su negocio, había accedido a su petición, ahora era tanto, o más caro que ellos, y aun así acababan de hundirle. No tenía seguro, y el capital que tenía ahorrado se fue entre indemnizaciones y acondicionamientos. Estaba arruinado, completamente arruinado. Guiado por un instinto que no conocía en él, fue a ver a su antiguo patrón, lo sacó a la calle a patadas, y le propino tal paliza que a poco estuvo de matarlo. Y así entro Domingo en la cárcel por primera vez, un año y un día, en el penal del Puerto de Santa María. Allí conoció a mucha gente, mala la mayoría, pero buena, que no honrada, también. Cuando salió, gracias a sus nuevas amistades, entró a formar parte de la banda de Allanadores más importante de Andalucía, con sedes en Sevilla, Córdoba, Málaga y Huelva. Prácticamente todos los robos que se realizaban en los hogares andaluces tenían que ver con ellos. Domingo se especializó en trepar por la fachadas, y sin un mal ruido forzar las ventanas para franquear el paso de sus compinches. No se arrugaba ante nada, lo mismo trepaba a un chalet, que a un edificio de cuatro alturas, y con el tiempo se convirtió en un escalador de tal nivel que hubiera sido la envidia de cualquier integrante de “Al filo de lo imposible” Desde que se convirtió en “El Alas” nunca lo cogieron, nunca en más de una década. Domingo se ocupaba de que la vivienda a asaltar hubiera sido debidamente confirmada por su red de captación. Siempre actuaba sobre seguro, hasta que un día, cuando se agenciaba las joyas de un ático en Torremolinos aparecieron los dueños. Domingo dejó lo que estaba haciendo, se sentó en un sillón y dijo “ Señores no se preocupen que no les voy a hacer ná, llamen a la policía que yo no me muevo de aquí”. Y no se movió. Lo detuvieron y en el juicio a pesar de no tener pruebas contra él, le cargaron cinco robos más. Una nimiedad comparado con su historial, pero lo suficiente para que permaneciera en la trena cinco largos años. Empezó en el Puerto, luego lo trasladaron a Málaga, y en Málaga uno de sus compañeros tras recibir un sobre lleno de billetes de parte del gremio de cristaleros, lo abordó en las duchas e intentó cortarle el cuello de lado a lado. Domingo que mantenía una extraordinaria forma física pese a su encierro no solo evitó el navajazo, si no que inmovilizo a su agresor con una sola mano y sin provocar mas daños que una dolorosa luxación de codo. Cuando el agresor cantó el encargo, sin dar nombres por supuesto, a Domingo lo trasladaron a Soto del Real, donde yo lo conocí, y donde tuve el privilegio de compartir con él unos meses que me salvaron la vida. En nuestra última conversación antes de que saliera Domingo me contó sus planes de futuro. Su banda lo esperaba, no habían encontrado a nadie tan capacitado como él a la hora de abordar una fachada, y desde su encierro se dedicaban a reventar puertas y al butrón lo que había multiplicado las detenciones por diez, así que prácticamente permanecían aletargados esperando su salida. “ Solo diez, quinse palos a lo sumo, y luego al pueblo a montá un taller chico y a empezá de sero, sin meteme con nadie, y a ver si esta ves nadie se mete conmigo” Ahora lo imagino en la playa, rodeado de guiris podridos de millones, con alguna suiza divorciada a la que cepillarse después de recorrer los mejores restaurantes de la costa del sol. Me despiertan los guardias antes de lo acostumbrado, según parece por fin van a poner el cristal de mi ventana. Demasiado tarde porque anoche estuve a punto de reventar el termómetro de lo alto y rápido que subió el mercurio hasta 41. Intento levantarme pero mi cuerpo no responde, me desplomo, todo se torna negro. No sé cuanto tiempo llevo durmiendo, es de noche, quizá quince horas, quizá dos días, me llegan recuerdos de mi sueño en los que escuchaba a los médicos hablando sobre mí, “Está muy débil, tiene encharcados los pulmones, saldrá de esta”. Saldrá de esta, eso es lo importante, sigo estando muy cansado, necesito descansar. Vuelve a ser de noche, no sé si la misma u otra diferente, no hay nadie a mi alrededor. Tengo sed, mucha sed. – Guardia, guardia – llamo. Me trae agua, llevo cuatro días en la enfermería y parece que estoy mucho mejor, por fin he respondido al tratamiento, la fiebre me ha bajado y pronto estaré recuperado. Pasan dos noches más y me trasladan a mi celda, el cristal luce flamante en el sitio del que nunca debió faltar, seguro que si hubieran avisado a Domingo lo habría cambiado en un santiamén. Tengo correo acumulado sobre mi catre. Me cuesta concentrarme, los renglones se entrecruzan mientras leo la carta de mi mujer “Todos bien, te añoramos”, ese es el resumen, están bien y me perdonan, al menos eso dicen, veremos cuando salga. Otra carta es de mi mejor amigo, me cuenta que se ha separado y que esta viviendo la vida padre, aunque con el ritmo de gastos que lleva no descarta acompañarme en la cárcel dentro de unas fechas. Otra de mi abogado, un par de ONG´S y otra cuya letra no reconozco. “ Estimado Manuel, soy Domingo, tu compadre. Espero que al recibo de la presente te encuentres bien de salud, y que te pusieran el cristal que faltaba según me contabas en tu carta. Yo estoy bien, el aire del mar me sienta estupendamente y ya me he acostumbrado a la libertad, tanto que no sé si podría volver a estar encerrado. Tal y como te conté estando allí, estoy “ahorrando”, y de momento todo bien, mala hierba nunca muere, entiende que no te cuente mas al respecto. Calculo que en un par de meses estaré preparado para abrir mi negocio, he hablado con antiguos enemigos para evitar problemas y en principio, porque con esta gente nunca se sabe, esta todo arreglado. Igualmente estoy feliz por ver a mis hijos, poco pero los veo, mi mujer vive en Málaga y se casó con un funcionario de Hacienda hace unos meses, de lo cual me alegro, de momento no me ha puesto pegas para ver a los crios. La carta se interrumpía en este punto y tras saltarse tres renglones de la hoja cuadriculada continuaba con una caligrafía diferente. D. Manuel, no me conoce pero seguro que oyó mucho de mí, soy Aurora la mujer de Domingo. Encontré esta carta entre sus pocas cosas y no era de justicia que no se enviara. Domingo ha muerto. Según parece entró a robar en la casa de un Policía Local de Mijas y cuando estaba en plena faena fue sorprendido por este. Según él cuenta al verse sorprendido lo atacó con intención de matarlo, vamos que fue en defensa propia. Y así darán fe los jueces eso fijo, pero no me diga que no es raro que si lo atacó recibiera los disparos sentado en un sillón. Vamos que yo creo que Domingo hizo lo mismo que la otra vez y este lo sacrificó a sangre fría. Siento ser portadora de tan malas noticias, sepa que Domingo lo apreciaba y me consta que usted a él. Rece una oración por su alma. Un saludo. Domingo y Aurora. Málaga 03/03/2003.

viernes 29 de febrero de 2008

Insomnio

Hay circunstancias en la vida (desgraciadamente casi todas) que escapan a nuestro control. De un tiempo a esta parte, la verdad es que no recuerdo bien cuanto, me ha dado por ser insomne. Como al que le da por ser Latin King o por ponerse pantalones pesqueros con calcetines de rombos... Casi como si fuera una moda, yo me he apuntado a la corriente de los insomnes. Y no por voluntad propia sino guiado por una fuerza superior. (Como el mercado en el caso de la moda) El caso es que he pasado de dormir de seis a ocho horas sin interrupción, a dormir dos o tres (en un día bueno) y gracias. Afortunadamente, por las mañanas, a pesar de lo escaso de mi descanso, me siento bien, incluso alegre y motivado. Canto y me agito en el asiento de mi coche al ritmo de la música. (Estado febril del atascado, creo que se llama este síndrome) Y llego a la oficina de buen humor y con ganas de afrontar una ingrata jornada laboral (no más ingrata que la de cualquiera de vosotros. Esto no es un lamento, es una realidad social) poniéndole al mal tiempo buena cara. Y esto me preocupa aun más... Debería estar destrozado y arrastrarme por la vida cual lombriz de tierra, pero no, yo me encuentro física y anímicamente bien e incluso me permito el lujo de hacer deporte a medio día y algún que otro escarceo sexual con bastante buen talante (Al menos para mi. Esto quizás sea cuestión de percepción. Además, en caso contrario, no necesito saberlo... me basta con ser insomne.) Preocupado por esta especie de "veranillo de San Miguel" físico ilógico, decidí encaminar mis pasos al médico de cabecera con la excusa del insomnio y de una anormal perdida de peso una vez "finalizada" una rigurosa dieta que me ha devuelto el aspecto humano. (Y que no coincide con mi insomnio, listillos...) Analizado con toda la rigurosidad del sistema público y privado de sanidad, los resultados son normales, sin anomalías, deformidades, excesos, defectos, ni nada que, a priori, (lo del a priori te lo ponen siempre para curarse en salud en caso de que mañana te salga un tercer ojo en la frente y te de por denunciarles) deba preocuparme. Una vez descartadas las causas médicas (afortunadamente) y no siendo partidario de lo paranormal, solo me quedaba por analizar el maravilloso universo de la Psique. En este campo no puedo por menos que declararme agnóstico. Si no me entiendo ni yo, como para ponerla en manos de un extraño que lo mismo ni se las lava después de ir al baño. (Los hombres meamos de pie, chicas... lo dejo a vuestra imaginación. Aunque también hay cada una por ahí que para que vamos a hablar) Conclusión. Si no estoy enfermo, ni hay agujeros dimensionales en mi domicilio, ni tengo ningún trauma reciente o enquistado por el tiempo del que esté dispuesto a tratarme.... ¿Por qué narices (coño) no duermo? En conversaciones con mis amigos (los de verdad), conocidos, y compañeros de trabajo, la frase mas repetida es: "Tendrás la conciencia sucia" Lo que no deja de abundar en lo psicológico y como antes he explicado (bien, mal, o reguleramente) no estoy dispuesto a ser tratado y mucho menos por un profesional de los que tienen la fea costumbre de cobrar. Es posible que sea cierto. Que sea mi conciencia la que inmisericorde me impida dormir... que hija de la gran puta... Pero es que yo creo que no tengo. (Conciencia) Yo, como todos vosotros, soy buena persona. Así, en términos generales. Y las buenas personas no tenemos conciencia porque no nos hace falta. Podemos meter la pata en ocasiones, activar una alarma, pedir disculpas, y seguir con nuestra vida porque somos buenas personas. ¿Pero y si ahora, con treinta y tres años, una edad estupenda para andar sobre las aguas, convertir en vino el agua, y ser crucificado, descubro que no solo soy poseedor de una conciencia de la que hasta ahora no era consciente sino que además la tengo sucia? ¿Como puede uno macular algo que no tiene? ¿Por ciencia infusa? Esto me lleva a un dilema digno de quitarme el sueño y no puedo permitirme perder mas... así que no le daré vueltas. No he hecho nada de lo que me arrepienta. Ni consciente ni inconscientemente. Es posible que haya hecho cosas que a los ojos de la sociedad no sean dignas de encomio. Pero como a mi los cánones, la doble moral (Que diría el Andresino), y las pretendidas virtudes me la sudan, la batalla de la "moralidad" es una batalla perdida. Aclaro. No que yo pierda esa batalla, sino que al no postularme en ningún bando, difícilmente la puedo perder. (Ni ganar) Así las cosas.... No duermo porque no necesito dormir más. (De momento) Sé que no es del todo cierto. Pero si estoy sano, contento, bautizado, y en paz con mis conciudadanos... ¿Para que le voy a dar vueltas a la cabeza? Además creo que pensar produce insomnio…
Pd: Cuando duermo contigo duermo de un tirón… que complicado.

viernes 22 de febrero de 2008

Gracias Phede¡¡¡¡

Un premio por hacer pensar.... Es muy bonito. Solo por conseguir que alguien te dedique un segundo despues de leerte o le venga a la cabeza algo que ha leido en tu blog, todo esto ya merece la pena. Muchas Gracias Phede¡¡¡ De verdad. Y mis premiados son: Tamaruca's Magazine Por hacerme pensar Belen in red Por hacerme pensar El Almuerzo Por hacerme pensar Dancing Barefoot Por hacerme pensar Carnmars Por hacerme pensar Muchas gracias. Para los que lo han recibido, permanezcan válidas las bases del mismo: *Sí, y solo si, alguien te da el premio escribe un post con los 5 blogs que te hacen pensar. *Enlaza el post original para que la gente pueda encontrar el origen del premio. *Opcional, enseña el botón del premio enlazando el post que has escrito dando tu premio