El esmoquin negro impecablemente planchado parece hecho a medida a pesar de ser alquilado. Resplandece con pequeños brillos negros que realzan su atlética figura. La camisa blanca, pequeña, ajustada. Fajin rojo de seda, un toque de color para atraer la mirada del público, para ser el centro, para ser Dios por una noche.
La pajarita también negra, sin nudo, con elástico ajustándose a su cuello como una segunda piel.
El pelo teñido de negro, peinado hacia atrás y engominado con un fijador especial que engrandece su brillo asemejándose al azabache. Una ligera capa de maquillaje para evitar los brillos, fundas en los dientes, recién estrenadas, de a seiscientas mil. Zapatos lustrosos de fino charol negro y calcetín en el calzoncillo para dar al conjunto una pincelada de masculinidad.
Se mira al espejo, se vuelve a mira, recoloca sus cejas cuidadosamente atusadas, repasa su piel con una esponja y finaliza la obra con unas gotas de Giorgio Armani en lugares estratégicos.
Se ve guapo de verdad, como nunca antes lo había estado, arrebatador, radiante, seguro de sí.
Sale al escenario, se coloca en su lugar detrás del micrófono, lo prende con todas sus fuerzas y observa el telón a la espera del día más grande de toda su vida.
Delante, el maestro de ceremonias le presenta: “Señoras y señores, con todos ustedes, por primera vez en nuestra sala, en primicia, en exclusiva, la perla de Orcasitas, la figura que en su día representó a los Madrileños por toda Europa haciéndonos universales, mejor que Bisbal, mejor que Julio Iglesias, con el Físico de Antonio Banderas, y la voz de Caruso, con todos ustedes, directo desde Orcasur........ Sergio Belmonte.”
Avergonzado por la presentación espera que el telón que en otros años fue de un rojo temerario se levante y allí quede él, solo él, porque no hay orquesta, solo un equipo de música del que saldrán las melodías a modo de Karaoke.
Los focos le deslumbran y abrasan su rostro, escucha a la gente pero no puede verla, aunque sabe que están ahí, cerca, expectantes, dispuestos a rendirse a sus pies como lo hicieron antaño.
El CD empieza a sonar y aclara su garganta para darles lo que han venido a buscar. Su grandiosa voz.
Sergio tiene veinticuatro años y canta desde pequeño, tan de pequeño que su madre afirma que pedía la teta por bulerías y fandanguillos de Huelva.
Con solo cinco años, su madre, Doña Pura, presentó a su retoño a un concurso radiofónico presentado por Jose Luis Uribarri. “Pequeñas Grandes Voces” era en 1984 el programa de radio mas escuchado a nivel nacional, exceptuando los servicios informativos.
Cada domingo, a las doce en punto, cinco niños no mayores de catorce años cantaban dos canciones, un jurado popular compuesto por diez oyentes del programa elegía a los dos mejores que cantaban su tercera y última canción para que el jurado permanente del programa eligiera al mejor, el cual pasaba primero a una final bimensual, y luego a la gran final anual que era retransmitida en directo por la primera cadena de televisión española.
Sergio eligió para su primera intervención “Salamanca” de Rafael Farina y “Doce Cascabeles” que era su favorita porque le encantaban las películas de Marisol.
Cuando pasó a la final remató con “Soldadito Español” de Marujita Díaz, interpretándola con tal soltura para su edad que ganó el concurso por unanimidad.
Volvió a ganar en la final bimensual, aunque en esta ocasión tan solo le separó un voto del segundo clasificado.
Sergio había cumplido los seis años cuando se presentó con su traje y sus zapatos nuevos en los estudios de Prado del Rey. Le habían cortado el pelo a tazón justo por encima de los ojos, de lejos parecía un soldado en miniatura de la segunda guerra mundial con su casco y todo.
En la primera y única ronda repitió a petición de la organización el “Soy minero” que le había dado el triunfo en la prueba anterior, volvió a pasar a la final para competir con Mar, una niña Canaria.
Mar repitió “Cartagenera” y Sergio a pesar de que Doña Pura había indicado al director del programa que interpretaría “Mi Carro” de Manolo Escobar, dijo que o cantaba “El Emigrante” de Valderrama, o no cantaba.
Se salió con la suya y cuando repetía “Y aunque soy un emigrante, jamás en la vida, podré olvidarte” pudo comprobar como el jurado le miraba con lágrimas en los ojos. Ganó con un sesenta y tres por ciento de los votos convirtiéndose en una firme promesa de la canción y un ídolo en su Orcasur natal.
Solo un mes más tarde empezó a grabar su primer disco que se llamaría “Canción española” y del que vendería más de un cuarto de millón de copias, todo un hito para la época.
Tras el éxito del L.P, tres productores cinematográficos se interesaron por la estrella emergente, de los tres guiones que recibieron Doña Pura optó por trabajar con Mariano Ozores, un hombre respetado y por el que sentía una antigua devoción.
Sergio protagonizó una aventura en la que un huérfano pasa todo tipo de calamidades para acabar encontrando la felicidad al lado de unos tíos maternos, todo ello salpicado por los éxitos de su disco. Así, cuando parecía que en la España de los ochenta ya no había sitio para Joselitos, Pablitos Calvo, o Marisoles, apareció Sergio Belmonte con el que el público simpatizó de inmediato por ser el prototipo de hijo que todos quisieran tener.
Del 84 al 92 hizo catorce películas, grabó 11 discos y otras tantas bandas sonoras, convirtiéndose en uno de los personajes más famosos del territorio nacional.
En 1992 representó a España en el Festival de Eurovisión donde quedo sexto, muy por debajo de lo esperado, si bien el publico culpó a RTVE por la mala elección de la canción.
A pesar de quedar exculpado del fracaso, Eurovisión fue el principio del fin de Sergio Belmonte.
Acababa de cumplir trece años y estaba preparando el que sería otro de sus flamantes trabajos discográficos, pero en dos de los temas, a pesar de estar especialmente compuestos para su aniñada voz, estaba teniendo serias dificultades. Desesperado por no conseguir llegar a los tonos más altos que le exigían las canciones, consultó con un especialista.
Tras realizarle todo tipo de pruebas el resultado no pudo ser más definitivo: No estaba enfermo, no había nada anormal, solo la lógica metamorfosis de niño a hombre.
Al llegar a oídos de los productores que a Sergio Belmonte le estaba cambiando la voz se movieron con prontitud. Los contratos quedaron en suspenso hasta que la naturaleza terminara su trabajo. Si la voz adulta de Sergio continuaba resultando comercial seguirían adelante, de lo contrario desaparecería.
Era un riesgo demasiado elevado que además, por ridículo que parezca, no habían previsto.
Tenían hipotecas sobre propiedades y terrenos cuyas letras llegaban puntualmente los días cuatro de cada mes. Habían elevado su nivel de vida hasta tal punto que a pesar de ser Sergio uno de los artistas mejor pagados del momento, apenas si habían ahorrado lo suficiente para salir del paso durante un par de años.
De la mano de Doña Pura Sergio recorrió prácticamente todos los médicos reputados del país sin encontrar ninguna solución.
Cuando dio por sentado que la medicina no podía ayudarle decidió optar por los curanderos y volvió a recorrer España en busca de los más conocidos con idéntico resultado.
Cuando ya había perdido la esperanza y estaba a punto de llamar a su representante para tirar la toalla, recibió la llamada.
- ¿Sergio Belmonte?
- Si soy yo
- Le llamo desde Londres a través de su representante
- Siento no poder ayudarle pero de momento no puedo escuchar ofertas.
- La mía si.
- Creo que no me entiende…
- Si que le entiendo, usted no escucha ofertas porque su voz esta cambiando y no sabe como
pararlo.
- Veo que entre las pocas virtudes de mi representante tampoco esta la discreción.
- Yo tengo la solución, puedo parar la metamorfosis, puedo mantener su voz para siempre.
- Ya, ¿ Y con quien tengo el placer de hablar, con Dios?
- No, ni muchísimo menos, yo solo soy un médico dispuesto a hacer lo que otros no se atreven a ni a sugerir.
- Pero…. ¿ Hacer que?
- Viajar a Londres, su representante el señor Méndez tiene todos los detalles, la única pregunta que debe hacerse es si su voz esta por encima del resto de las cosas, por encima de usted, por encima de su propia vida.
- Muy por encima
- Entonces hable con él y venga lo más rápidamente posible.
El representante tampoco sabía en que consistía el tratamiento, solo era conocedor que las manos del Doctor Logan habían salvado las carreras de muchos talentos juveniles, especialmente del mundo de la ópera.
Al día siguiente Sergio acompañado de Doña Pura se desplazó a Londres y acudió a la clínica del Doctor Logan, donde estaba todo preparado para salvar su voz, su maravillosa voz.
Escucharon los pros y los contras del tratamiento de boca del Doctor, que explico sin miramientos y con el máximo de detalle las consecuencias de su decisión. Era un precio alto, muy alto, pero las deudas acuciaban y lo que era mas importante, Sergio no estaba seguro de poder seguir viviendo sin el calor de su público.
La decisión estaba tomada de antemano.
El 24 de Mayo de 1992 Sergio Belmonte fue sometido a un proceso de castración química que combinado con un tratamiento farmacológico crónico consiguió frenar el agravamiento de su voz.
Sergio rodó dos películas más, y publico tres trabajos discográficos, el primero mantuvo su línea tradicional de éxito, el segundo no llegó al 50% de las copias acostumbradas, y el tercero y último fue un fracaso estruendoso.
El público no se acostumbró a relacionar la voz del niño angelical con aquel adolescente de más de metro ochenta que cada día tenía mayor parecido con Javier Bardem. Un cuerpo y un rostro demasiado rudo para el ruiseñor que albergaba en su garganta.
En 1997 Sergio Belmonte desapareció. No por su gusto, sino porque nadie quiso trabajar con él
Vendió propiedades, canceló sus deudas y compró un piso en Orcasitas, modesto pero suficiente, en el que podría vivir de las rentas, los derechos de autor y las ventas de sus discos antiguos al público más melancólico.
Hoy vuelve a un escenario, por única y mas que probablemente por última vez.
Su antiguo representante intentó convencerlo hasta el último momento de que no lo hiciera, pero fue imposible. Sergio sabia que no tenía nada que ganar, y corría el riesgo de empañar el recuerdo del mito, pero con todo y con eso, necesitaba algo, por pequeño que fuera, que hiciera más llevadero el peso de la decisión que tomó años atrás y que solo sirvió para retrasar unos años su final.
La naturaleza había visto frenado su avance. Enfurecida se retiró a reagrupar sus tropas y una vez recuperada y fortalecida, volvió al ataque para acabar con él. Transformó su cuerpo para hacerlo incompatible con la voz que no le habían permitido transformar, perdió la primera batalla pero ganó la guerra.
Aun así, Sergio vive casi feliz, del pasado en lugar del presente, pero feliz al fin y al cabo.
El contacto con el publico del Karaoke le proporcionó una sonrisa que le duró meses, y le sirvió para darse cuenta que si tuviera la oportunidad de volver atrás en el tiempo volvería a caparse aunque solo fuera para prolongar aquello unos segundos.






